Hay ingredientes que aportan una gran sensualidad a las fragancias. Este es el caso del cistus labdanum, que procede de la jara, cuyo uso en perfumería se remonta a más de 3.000 años.
Si bien es la época de su floración, en torno a la primavera, y podemos ver campos plagados de su característica y vistosa flor, su aceite esencial se destila de hojas y ramas.
Hoy compartimos cómo solía extraerse la jara en la antigüedad explicado por el mismo Dominique Roques, Académico del Perfume “Sillón Benjuí”. La jara se recolectaba de una forma tan curiosa como artesanal, pues eran las propias ovejas, al pasear entre los campos, las que ayudaban a recoger su resina, que después se extraía del pelo de los animales.
Con el tiempo, esta tradición evolucionó. Lo relata también en el primer capítulo de su libro “El buscador de Esencias”, en la zona andaluza del Andévalo, hace décadas, las familias de pueblos gitanos dedicaban los veranos a trabajar esta materia prima, cociendo la goma o resina pringosa y tratándola con soda y otras sustancias para obtener la valiosa esencia de cistus labdanum. Se trataba de un proceso tan básico como extraordinario, oficio y tradición.
Con el tiempo estas prácticas han ido evolucionando para adaptarse a los nuevos tiempos. Si quieres conocer más sobre el proceso de extracción actual, en el think tank dedicado al valor de las esencias dedicamos una mesa redonda al cistus, con el propio Dominique y otros expertos.
El cistus es una nota indispensable en perfumes chipre y en acordes ámbar, aporta notas muy sensuales, poderosas y cálidas que recuerdan al ámbar y al almizcle y, como nota de fondo, es un excelente fijador. ¿Sabías que España es además el principal productor de Cistus destinado a perfumería a nivel mundial?