
Pero, para empezar, nos gustaría recordar que crear un perfume es algo de gran complejidad que requiere mucha experiencia y práctica, ser perfumista es una profesión que requiere años de carrera. Más allá de la creatividad y nariz, el tiempo y la práctica es lo que lleva a conocer el comportamiento de cada ingrediente, cómo combina con otros, si domina o acompaña, la volatilidad, su estela, así como los requerimientos técnicos y regulatorios de cada materia prima.
Un perfume, tal y como lo concibe un perfumista, es una composición cerrada y equilibrada, diseñada para evolucionar de forma armónica en sus notas de sus notas de salida, corazón y fondo para ofrecer una experiencia completa por sí mismo.
Sin embargo, en el universo contemporáneo de la perfumería, cada vez más personas buscan ir un paso más allá y crear combinaciones para participar en la personalización de su propia experiencia perfumada.
El scent-stacking: varios productos perfumados
Empecemos por este término, cuyo significado sería “apilar o acumular”. El scent-stacking se refiere a superponer distintos productos perfumados. Puede tratarse de geles de baño, cremas de cuerpo, desodorantes, productos para después del afeitado, brumas para el cabello, etc. hasta finalizar con la aplicación del propio perfume per se. La clave es que normalmente estos productos tienen la misma identidad olfativa o bien son notas similares o complementarias. La intención no es tanto crear un perfume nuevo, sino reforzar, prolongar y dar profundidad a una fragancia a través de distintas texturas y formatos.
Detrás del scent-stacking hay una elección consciente de fórmulas pensadas para convivir entre sí. De hecho, muchas marcas de perfumes desarrollan líneas completas diseñadas específicamente para esta práctica, los “ancillaries”, donde cada producto suma una capa sensorial sin romper la coherencia del aroma principal.
Aunque hoy se perciba como una tendencia moderna, la idea de combinar aromas tiene raíces antiguas. En culturas como la mesopotámica ya se utilizaban mezclas de aceites, resinas y ungüentos perfumados mucho antes de la perfumería alcohólica tal y como la conocemos hoy.
El layering: las capas de perfumes
El layering (del inglés to layer: “poner en capas”), es una práctica que consiste en combinar dos o más perfumes sobre la piel. Cada fragancia tiene su propia estructura —notas de salida, corazón y fondo— pero, al superponerse, las notas interactúan entre sí y evolucionan, también en función del pH y la temperatura de la piel, dando lugar a un perfume nuevo diferente.
Se trata de una composición olfativa improvisada, donde la persona experimenta con perfumes ya existentes para crear combinaciones únicas. A diferencia del scent stacking, no se trata tanto de reforzar una misma identidad olfativa, sino de mezclar fragancias distintas para generar un resultado nuevo y personal.
Por este motivo, el layering requiere cierto conocimiento olfativo: no todas las fragancias funcionan bien juntas y una combinación inadecuada puede desequilibrar la composición. Por eso, si no eres perfumista, hay marcas que crean colecciones específicas para que puedas crear tu perfume personalizado a través del layering, dentro de un surtido de perfumes que ha sido comprobado previamente para que cualquier combinación entre ellos funcione a la perfección.
Aquí no queda el layering: hay personas que lo combinan con el scent stacking, es decir, utilizan distintos tipos productos perfumados con diferentes fragancias para jugar con el resultado final, o incluso, aplican perfumes distintos en diferentes zonas del cuerpo.
¿Qué es el shadowing?
El shadowing es la práctica más reciente, a menudo como respuesta de una Generación Z cada vez más exigente y creativa en el terreno olfativo. Consiste en combinar dos fragancias distintas con el objetivo de crear un efecto de “sombra” olfativa, en el que una fragancia acompaña y matiza a la otra sin anularla. A diferencia del layering, donde se superponen perfumes para generar un olor completamente nuevo, en el shadowing se buscan contrastes controlados: se suele aplicar primero una fragancia más ligera (cítrica, floral o empolvada) que actúa como base, y después una fragancia más intensa (ambarada, especiada o gourmand) que aporta carácter y profundidad.
O bien, al contrario, puede utilizarse también para suavizar perfumes complejos o muy intensos. No obstante, no todas las fragancias funcionan bien juntas: el shadowing también requiere cierta coherencia olfativa y se ve favorecido cuando se utilizan colecciones diseñadas para dialogar entre sí. El shadowing juega con la intensidad de las fragancias, creando una sensación olfativa más profunda y casi tridimensional.
En conclusión, es importante tener en cuenta que no todas las fragancias ni todos los productos están pensados para combinarse libremente. Existen colecciones y universos olfativos diseñados para favorecer estas prácticas, pero conviene recordar que cada producto tiene una formulación específica y una función concreta. Por ejemplo, una bruma perfumada para el cabello (también llamada hair mist) está formulada específicamente para el cabello, está estudiada su concentración de alcohol y sustancias teniendo en cuenta que se va a aplicar en el cabello. Lo mismo ocurre con los tejidos: los perfumes están diseñados normalmente para aplicarse sobre la piel y no todos pueden usarse en la ropa, algunos tienen cierta coloración o aceites esenciales que podrían dejar restos en los tejidos. Es por estas razones por lo que se recomienda utilizar siempre el tipo de perfume específico para cada uso, no es algo aleatorio, sino que sus fórmulas están diseñadas especialmente para cada necesidad.
Cuando pensamos en perfumes, solemos pensar en el perfume que nos aplicamos sobre la piel, pero hay toda una rama de la perfumería dedicada a cómo trasladar fragancias a distintos productos cotidianos como champús, suavizantes o geles manteniendo la experiencia olfativa sin perder rendimiento ni confort sensorial. Se trata de la perfumería técnica y funcional. Si deseas saber más sobre ella, puedes profundizar en este webinar, en el que se explica cómo se trabaja para diseñar y evaluar fragancias que funcionen en distintos formatos y momentos de uso.
Personalizar un perfume es un ejercicio creativo y sensorial, pero también requiere respeto por la composición original y por el diseño técnico de cada producto. Entender estas diferencias es clave para disfrutar del perfume de una forma más consciente y enriquecedora.