El Iris de Florencia en perfumería, con Ramón Monegal

En este webinar de “Los Viernes del Perfume, el maestro perfumista Ramón Monegal, Académico de Número ”Sillón Iris de Florencia”, ofrece una mirada profunda a un ingrediente sofisticado, complejo y emblemático de la perfumería: el iris. Más allá de su dimensión romántica, el iris es una materia prima de enorme exigencia técnica, rendimientos mínimos y un peso histórico que atraviesa siglos de la cultura del perfume.

El Iris de Florencia, el Sillón de Ramón Monegal

Ramón Monegal revela que no había tenido la reflexión de qué ingrediente podía representarle mejor hasta que, al ser nombrado Académico del Perfume en 2017, la Academia le pidió la elección para su Sillón. Fue entonces cuando determinó que era el Iris de Florencia, unido a una razón de índole personal: el primer perfume personalizado que creó, allá por 1977, fue con ocasión de un regalo a la que sería su mujer, el día de su boda, construyéndolo en torno del iris como protagonista.

El iris para él es un ingrediente romántico, de múltiples facetas y de gran valor, capaz de sostener una interpretación “blanca” del olor. Además, recuerda que en la perfumería clásica de Myrurgia donde él trabajaba en ese momento, el iris tenía un peso especial, no solo a través del absoluto, el concreto o el resinoide, sino también mediante las infusiones, una práctica esencial en los extractos clásicos. Entre ellas, menciona la infusión de iris que recuerda como “una maravilla” con una capacidad de enamoramiento “brutal”.

La clave no está en la flor, sino en el rizoma.

El iris en perfumería no se obtiene de la flor, sino del rizoma, un tallo subterráneo que crece en horizontal bajo tierra. Aunque en la antigüedad se utilizó la flor en infusiones en aceite, fue la raíz la que terminó imponiéndose por una razón clave: la flor se marchita rápidamente, mientras que el rizoma conserva y desarrolla el olor con el tiempo cuando surgen unas moléculas llamadas ironas en el proceso de secado.

Existen diferentes variedades de iris: además del Iris Florentina e Iris Germánica, el más habitual y dominante en las producciones de iris es el Iris Pallida.

Para que el iris pueda convertirse en ingrediente en perfumería, tiene que pasar por un largo proceso: al menos tres años de cultivo en plantación, después entre tres y cinco años de secado tras su recolección y, posteriormente, un proceso de pelado, lavado y preparación para la extracción.

La raíz fresca apenas tiene olor, es durante el secado cuando se desarrollan las ironas, las moléculas responsables de su característico aroma empolvado y terroso.

Rendimientos mínimos, precios extraordinarios

El minucioso proceso necesario, así como su rendimiento, hace que el iris sea uno de los ingredientes más caros de la perfumería. Ramón comparte algunas cifras orientativas para dar una idea de su dimensión: partiendo de 100 kg de rizoma fresco, la materia útil tras el secado puede reducirse a 25 o 30 kg. que, a partir de ahí, sigue reduciéndose según el tipo, hasta 3 o 4 kg en el resinoide a 200 g. en el caso del concreto y apenas 40 g. en el caso del absoluto. Este absoluto puede contener más de un 80 % de ironas y alcanzar precios en torno a los 75.000 €/kg., incluso superarlos cuando se dan calidades excepcionales.

Un ingrediente con siglos de historia

El iris ha acompañado a la perfumería desde la antigüedad. En sus primeros usos la protagonista era la flor, especialmente en infusiones oleosas. Más adelante, con el desarrollo de la destilación, impulsada por la tradición árabe, la raíz adquirió el protagonismo. Durante el Renacimiento, especialmente en la Toscana, el cultivo del iris se intensificó. En el siglo XIX se convirtió en un ingrediente asociado al romanticismo, apareciendo en leches, polvos y preparaciones perfumadas.

El polvo de raíz de iris fue ampliamente utilizado en cosmética, hasta el punto de que el término poudre está vinculado a ese uso histórico. El iris también formó parte de la tradición de los guantes perfumados y de la perfumería clásica europea, se dice que uno de los ingredientes de los guantes perfumados era el iris.

Nota raíz: su identidad olfativa

Dentro del planetario de familias olfativas de Ramón Monegal, para él el iris de Florencia es una nota raíz, un ingrediente de tierra, lo califica “planetario Radix”, el grupo de ingredientes que aportan firmeza, equilibrio y porte. Tiene un perfil olfativo con matices empolvados, terrosos, florales, con recuerdos de tabaco y facetas de chocolate o cuero.

Según el método de extracción, cada variante ofrece un carácter distinto: el concreto resulta más mantecoso y graso, el absoluto es más limpio y soluble y, finalmente, el resinoide, más accesible y compacto.

El iris como modificador

Al ser raramente protagonista absoluto en un perfume, hoy en día el papel del iris es más un modificador de gran elegancia. Se percibe desde la salida, tiene buena difusión, pero tiende a integrarse y dejarse absorber por maderas y notas de fondo. No pesa ni invade dentro de un perfume, sino que aporta estructura.

El iris funciona especialmente bien en acordes orientales y empolvados, con maderas como cedro o vetiver, con cuero, con especias como pimienta o nuez moscada, con vainilla y tonka o incluso con notas cítricas, a las que aporta calidad y profundidad.

Imagen olfativa: el iris como equilibrio y elegancia

En el marco de su concepto de imagen olfativa, Ramón explica que los ingredientes transmiten valores. En este sentido, una de las frases que mejor resume la aportación del iris al perfume es: “Si la flor seduce, la raíz sostiene”, una idea que Ramón repitió a lo largo de la sesión para reivindicar el iris no como una nota floral, sino como una auténtica nota raíz. Al igual que las raíces sostienen un árbol, el iris sostiene la estructura emocional del perfume y, para él, el iris transmite porte, firmeza, seguridad, equilibrio, romanticismo y elegancia.

Entre naturaleza y síntesis

Junto al iris natural (ya sea concreto, absoluto o resinoide), existen las llamadas “notas iris”, construidas a partir de moléculas que permiten reforzar o reinterpretar el acorde iris, adaptándolo a distintas composiciones. Algunos ejemplos son: ironas, metiliononas o betiliononas, entre otras. Cada perfumista, en palabras de Ramón, “tunea” su iris según su estilo.

Como curiosidad, al final de la sesión se comentó que el iris es también uno de los ingredientes del perfume “Silverkiss” creado por Ramón para la película Rainbow de Paco León, creación sobre la que hay también un webinar entre Ramón y Paco León disponible en nuestra web.

Agradecemos al maestro Ramón Monegal, cuarta generación de perfumistas, su generosidad al compartir en esta clase magistral sobre el iris su experiencia y conocimientos.