Las flores del arándano llaman la atención por su curiosa forma de campana invertida y sus tonos blancos o rosados. Crecen en pequeños racimos, apenas duran unos días y en ese breve tiempo cumplen una función esencial antes de transformarse en fruto.

Su olor es suave, verde y ligeramente dulce, muy diferente al carácter jugoso e intenso del arándano maduro. Este contraste resulta especialmente interesante en perfumería donde se recrean acordes inspirados en el arándano combinando notas afrutadas, verdes y ligeramente ácidas para transmitir frescura, naturalidad y ligereza.

La nota de arándano como fruto se considera una nota gourmand, aportando un matiz fresco con un toque ácido y luminoso, no se utiliza directamente como ingrediente natural, sino que se recrea su perfil olfativo mediante composiciones aromáticas.

¿Sabías que la forma cerrada y colgante de la flor del arándano hace que dependa especialmente de las abejas para su polinización? Gracias a ellas, el polen puede desplazarse y dar lugar a los frutos.