El enflorado, también conocido como enfleurage, es una técnica tradicional y artesanal que permite extraer el perfume de las flores en su momento de máxima plenitud, preservando toda su delicadeza y complejidad olfativa.

Hoy en día no es muy habitual debido a su compleja elaboración artesanal, suele hacerse con flores frágiles al calor de la destilación, como la rosa, el jazmín, la flor de naranjo o el nardo, flores muy fragantes, capaces de seguir desprendiendo su perfume incluso después de ser cortadas.
Si bien antiguamente el enflorado se realizaba con grasas de origen animal, actualmente han sido sustituidas por alternativas vegetales como la manteca de karité o el aceite de coco desodorizado. La manteca aromática resultante puede reutilizarse en cosmética y productos del hogar, o bien mezclarse con alcohol para crear soluciones perfumadas.
Aunque hoy es una técnica poco habitual, el enflorado continúa ocupando un lugar singular en la perfumería artesanal por su capacidad para preservar los matices más volátiles y delicados de la flor fresca. Patrick Süskind lo retrató en El Perfume, donde tanto la novela como su adaptación cinematográfica muestran esta técnica como una de las formas más precisas y obsesivas de capturar la esencia de una flor antes de que desaparezca.