Catalina de Médici llegó a Francia en 1553 y, con ella, el refinamiento renacentista a la corte parisina. Puso de moda el corsé y el uso de los guantes perfumados, bolsos de piel o cinturones.

Grasse era rica en todo tipo de flores y plantas aromáticas y desarrolló inmediatamente una industria de extracción de aceites esenciales que permitía obtener los aromas que perfumaran estos guantes. A finales del siglo XIX, los destiladores y extractores diversificarían su actividad hacia la creación de perfumes.

En el siglo XVII eran también muy valorados los guantes de cuero de España, concretamente existía una fórmula española de ámbar para perfumar guantes. Hay constancia de que el famoso pintor Rubens en 1629 viajó con dos guantes perfumados de ámbar para la infanta Isabel Clara Eugenia, gobernadora de los Países Bajos Españoles. Se ha encontrado documentada una fórmula de 1696 con resinas, bálsamos, maderas y esencias de flores, que es la que se reprodujo, junto con un acorde de cuero fino, en la exposición olfativa del Museo del Prado en torno al cuadro El Olfato de Brueghel. Dado el éxito, en 2023 el Prado crea una nueva instalación olfativa con el olor de los guantes perfumados. 

En 1872 la maison Guerlain introdujo los guantes perfumados en sus catálogos y en 2014, en colaboración con la marca de guantes Agnelle, Guerlain revivió la herencia de los maestros artesanos en una sofisticada línea de guantes perfumados: Gant du parfumeur, un guante joya adornado con pequeños clavos, celebrando el motivo emblemático de la marca, con suaves y delicadas notas de albaricoque, especias y acordes de maderas, y Gant la Petite Robe Noir, escotado a nivel de la muñeca y acentuado con un lacito blanco, además de desprender aromas de cereza negra, rosa y pachuli.

Fuente: Trendencias

Imagen: guantes perfumados de Mª Luisa de Toledo. Exposición “La Hija del Virrey”, Museo América de Madrid.