Historia del

PERFUME

Como auténticas joyas, los perfumes siempre han ocupado un lugar privilegiado para hacer más agradable la vida de quien lo lleva y con quienes se relaciona. Con la misión de encontrar las mejores fórmulas que respondan a los deseos y gustos del momento, los maestros perfumistas, llamados “Nariz”, dedican su vida a encontrar nuevas materias primas, emplear su inspiración y pasar largas jornadas ante sus órganos de perfumista con diferentes mezclas de esencias, desplegando su creatividad y creando auténticas obras de arte que buscan perdurar en el tiempo y la memoria, haciendo sentir mejor a quien las lleva.

Los expertos en psicología opinan que el uso de estas ricas esencias aumenta la autoestima y favorece las relaciones sociales. Una persona se perfuma para encontrarse bien consigo mismo y también con los demás. Es un elemento relevante de la personalidad, de ahí la gran variedad de perfumes que se adapta a todo tipo de persona y a las diferentes emociones que busca transmitir: seguridad, sensualidad, empoderamiento… con una proyección mayor de lo que puede parecer a primera vista. Para apoyar esta afirmación basta recordar la importancia del perfume a lo largo de la Historia y en todas las civilizaciones. Comencemos.

 

Los orígenes

DEL PERFUME

Aunque con frecuencia se atribuye a la época de los egipcios, el origen del perfume se remonta más atrás aún, a la Edad de Piedra, cuando los hombres queman maderas aromáticas y resinas que desprenden un olor agradable para complacer con humo a sus divinidades.

Es esta forma aromática, a través del humo, quemando maderas o inciensos, “per fumum” en latín, la que dará lugar posteriormente al término “perfume”.

 

Mesopotamia

Y EGIPTO

Algunas aldeas neolíticas se van transformando en ciudades, cerca de las cuencas de los grandes ríos, como Mesopotamia, entre el Tigris y el Eufrates y Egipto, a las orillas del Nilo. En Mesopotamia, en torno al año 3.500 a.C., los sumerios constituyen una civilización muy avanzada, con el desarrollo de canales y diques, la agricultura, un sistema de escritura y también ungüentos y perfumes. Aunque no ha perdurado mucha documentación al respecto, se sabe que en Mesopotamia había una perfumería elaborada para uso ritual y personal.
Según una tablilla cuneiforme encontrada en Mesopotamia (hacia el año 1200 a.C.), los primeros perfumistas de la historia de los que existe constancia serían mujeres. En la tabla aparece el nombre de Tapputi-Belatekallim y se distinguen las últimas letras de otro: -ninu. Tapputi y Ninu estarían al servicio del rey Tukulti-Ninurta I creando perfumes con mezclas de flores y plantas como el Cyperus calamus, la mirra y bálsamos. Según parece, las fragancias que elaboraban eran sustancias aromáticas que desprendían un agradable olor y a la vez tenían propósitos medicinales.
En paralelo se desarrolla la civilización egipcia y hay constancia fehaciente de la elaboración de perfumes a partir de esencias 

naturales. Los egipcios establecen rutas comerciales para abastecerse, al tiempo que van aclimatando plantas de otros países para surtirse de materias como el styrax, el nardo, el azafrán, el gálbano, el opopanax y el ânti, una resina aromática que se utiliza en rituales religiosos. Los relieves del tempo de Deir-el-Bahari recogen el proceso de extracción de esta materia.
Los perfumes son esenciales en el ceremonial religioso y gracias a fórmulas descritas en pergaminos conocemos bastante de los perfumes litúrgicos. Los sacerdotes egipcios utilizan diferentes esencias según el momento del día: olíbano (Frankincense), conocido en la actualidad como incienso, al amanecer, mirra a mediodía y kyphi al anochecer. Este último es el más conocido de los perfumes egipcios, con una fórmula compleja con gran número de ingredientes.

Bajo relieve. Museo del Louvre.

Ha trascendido información que habla de una industria del perfume bien delimitada y del uso de estos productos en purificación de aguas, como ambientadores o en el embalsamamiento de cadáveres. Para los egipcios, el cuerpo y el espíritu vuelven a unirse en una segunda vida y por ello era necesario conservar el cuerpo. Así, los aromas y los perfumes juegan un importante papel en la momificación y en los ritos funerarios. Es sabido que cuando se accedió a la tumba de Tutankamon se encontraron más de tres mil frascos, vasijas y ungüentos y, a pesar de haber transcurrido treinta siglos, se podía aún percibir el ambiente perfumado.

Los egipcios no conocían la destilación, pero sí técnicas como el enflorado, la maceración en aceite o la extracción por presión. En el Museo del Louvre se encuentra un bajo relieve del Siglo IV a.C. que muestra cómo los egipcios prensaban los lirios para obtener su extracto.
De Cleopatra se dice que era aficionada a un aceite con extractos de flores como rosas o violetas y azafrán, con el que impregnaba sus manos.
Por otra parte, es curiosa una práctica de las mujeres de la alta sociedad que se colocaban bajo las pelucas unos recipientes de forma cónica con grasa impregnada en perfumes, cuyo olor se iba liberando con el calor corporal y el paso del tiempo.
La perfumería egipcia sienta las bases que influirán en el mundo greco-romano y en toda la perfumería occidental hasta el siglo XIX.

 

India

Y CHINA

En la India, el perfume también es conocido en la civilización del valle del Indo, del 3300 a.C. al 1300 a. C. La destilación del ittar, un perfume natural, se destaca ya de hecho en los textos ayurvédicos (doctrinas médicas del período posvédico, posterior al siglo VII a.C.) Charaka Samhita y Sushruta Samhita.
Las continuas referencias al perfume se recogen en Brihat-Samjita, una “enciclopedia” escrita por Varaja Mijira, astrónomo, matemático y astrólogo de Ujjain, considerada una de las “nueve joyas” de la corte del maharajá de Malwa. Todo lo relacionado con el perfume señala principalmente la creación de fragancias con el fin de beneficiar a «personas reales y miembros de harenes».
En lo que se conoce como la antigua China, el perfume se guarda en las populares “bolsitas perfumadas”, pequeños saquitos de tela o de hilo de oro que contienen hierbas aromáticas en su interior.
El origen de estos fragantes “recipientes”, muy apreciados desde su creación por la civilización china, es aún un enigma, aunque encontramos distintas evidencias artísticas en numerosas obras pictóricas de sus dinastías.

 

GRECIA

Los últimos tiempos de Egipto conocen las invasiones persas, posteriormente las griegas de Alejandro Magno y finalmente las de los romanos. Todos estos cambios van a desarrollar el comercio desde la India hasta Europa y las materias para elaborar perfumes.
La perfumería griega tiene sus antecedentes en el siglo XIII a.C. a través de la influencia de Creta, Micenas y Chipre y sus contactos con Egipto y Asia Menor y perdura hasta aproximadamente el año 150 a.C. Esta perfumería usa plantas mediterráneas aportadas por los comerciantes fenicios desde diferentes lugares (tomillo, hinojo, rosa, lirio, incienso, mirra, cardamomo, azafrán, etc.).
Los griegos llenan de perfumes sus mitos, perfuman con aceites las estatuas de sus dioses, así como los cuerpos de los atletas y de las mujeres. Alejandro Magno era un gran aficionado a los perfumes e inciensos y hacía empapar sus túnicas con esencia de azafrán para dejar una estela a su paso.

Hipócrates, el padre de la medicina, recomienda los baños perfumados para algunas dolencias y los muertos son envueltos en telas perfumadas.
Teofrasto se considera el “padre de la botánica” gracias a su tratado Historia Plantarum, con una clasificación de las plantas, documentando algunas como: el cistus, el iris, el mirto, la rosa, la menta, el jacinto, narciso o canela entre otros.

Un importante vestigio del arte griego fueron los frascos y vasijas de cerámica que se usan para guardar perfumes, auténticas obras de arte que hoy en día podemos ver en algunos museos del mundo, puesto que el cristal no aparecería hasta el siglo I a.C.
La mitología griega tiene numerosas referencias al perfume. Afrodita, diosa del amor, la belleza y la fertilidad, se presenta siempre precedida de un aroma a rosas. Cuenta la mitología que las rosas eran sus propias lágrimas, que había derramado por el joven Adonis mientras él agonizaba en sus brazos. Sus lágrimas dieron rosas blancas, pero algunas se tiñeron del rojo, el rojo de su sangre, herida en unas zarzas en su desesperación por socorrer a su amante. Otra versión sugiere que el perfume nació cuando Afrodita salpicó una rosa con una gota de sangre, que adquirió un precioso color rojo. Después, su hijo Eros la besó, dotándola de un maravilloso aroma.

 

ROMA

Cuando Roma conquista Grecia se siente seducida por sus costumbres, su arte y también por sus perfumes. Sabemos a través de Plinio que existía un elevado gasto en especias y perfumes hasta llegar a hablar de una especie de lujo corruptor. Plinio habla de los elementos usados en la elaboración de perfumes: el elemento oleoso, las sustancias que dan el olor o cuerpo, los fijadores que prolongan la evaporación, la sal para que el aceite se conserve mejor y el colorante para mantener mejor el perfume ante la acción de la luz.
Conocemos también la existencia de algunos perfumistas en Roma con laboratorio y tienda en el mismo local. El agua de rosas y azafrán de Cosmus tiene gran aceptación en las noches romanas, aunque su reputación es más discutida.

Mujer con ungüentario.
Museo Nacional Romano.

Se venden perfumes llegados de diferentes partes del imperio, entre ellos el Kyphi o el Metopion egipcios, adaptados a la moda olfativa del momento. Al tiempo, se desarrollan mejores técnicas de conservación y se va registrando una botánica de los olores y de las calidades de las materias. La moda y el negocio hacen evolucionar el perfume.

Se crea el primer gremio de perfumistas, llamados “ungüentarii”. Eran muy influyentes y componían perfumes en tres formatos: sólido, con un solo ingrediente; líquido, a base de flores y especias, y en polvo, resultado de triturar y pulverizar pétalos que aromatizaban con especias.
La materia estrella en Roma es el bálsamo de Judea, una resina oleosa muy codiciada y escasa. Y con el impulso de los baños públicos, unciones y masajes, el perfume recibe un nuevo impulso.
En el siglo I d.C. Nerón gastaba auténticas fortunas en aceites perfumados para sus invitados en las fiestas que organizaba, además hacía caer del techo miles de pétalos de flores y llegaba incluso a perfumar a sus animales, desde sus mulas a pájaros.
Su mujer, Popea, se bañaba en leche de burra a la que añadía sal, aceite de oliva, bicarbonato y pétalos de rosa. Sus viajes obligaban a desplazar unas trescientas burras para ser ordeñadas para dicho menester. Se cuenta que, en el entierro de Popea, Nerón gastó el perfume que los perfumistas de Arabia producían en un año entero.

Llegan los bárbaros, poco amigos de la ostentación romana. La progresiva cristianización minimiza el uso personal de perfumes, llegando a estar prohibidos. Sin embargo, van adquiriendo fuerza mística y se usan de forma selectiva y simbólica. En la Biblia encontramos reseñas de esas ocasiones especiales: incienso y mirra acompañan al oro en el regalo de los Reyes Magos a Jesús de Nazaret por su nacimiento o, posteriormente, el momento en que la hermana de Lázaro unge los pies de Jesús con perfume.

 

La Edad

MEDIA

Con el imperio bizantino hay un resurgimiento del perfume en toda la zona del Mediterráneo oriental. Su capital es Constantinopla (actualmente Estambul), fundada en siglo VII. La refinada cultura del perfume en la civilización árabe y la riqueza de materias primas suponen un impulso y surgen nuevas materias primas como el ámbar gris, el almizcle o el agua de rosas. Los árabes perfeccionan el conocimiento de culturas anteriores, usando el alambique. El libro sagrado del islam, el Corán, habla de los jardines y árboles, con gran olor almizclado del paraíso. A Mahoma, fundador de esta nueva religión, se le conoce su pasión por los perfumes.
Son momentos de grandes movimientos: en su regreso de las Cruzadas, los soldados traen perfumes y nuevas esencias; los viajes de Marco Polo; misiones comerciales italianas… Todo esto aporta nuevas técnicas y materias.

La clase pudiente sigue cuidándose y vemos en pinturas y grabados todo un ajuar de cuidado personal, como los saquitos con polvos o pajaritos de Chipre. Son unas figuritas de arcilla, frecuentemente con formas de pájaro, con unas pequeñas perforaciones. En su interior se colocaban distintos ingredientes aromáticos, como el musgo de roble, el estorax, la almendra o la raíz de iris, para después quemarlos y que estos desprendieran toda su esencia, haciendo estos pequeños orificios de “dosificadores”. Se cree que se usaban en Europa desde el siglo XII como ambientadores o purificadores del aire, después de que los Cruzados llegaran a la isla de Chipre. Algunos consideran que es un ancestro de la nota Chipre.
Las farmacopeas de los conventos también elaboran “aguas de olor” aunque, en estos casos, con un carácter más medicinal que de disfrute.
Es el momento de la aparición de las pomas de olor o “pomander”, un recipiente en forma de vasija perforada que se coloca en el cuello o la cintura, introduciendo en su interior esencias y plantas aromáticas. Los más austeros son de madera, pero otros son auténticas joyas, hechas de oro y plata, incluso con piedras preciosas.

En el siglo XII el rey Felipe II de Francia reconoce la profesión de perfumista, surgen las primeras escuelas y, tras cuatro años de estudios, los aprendices pueden ser maestros perfumistas.
A finales del siglo XIV, en 1370, una situación derivó en un importante hito con el “Agua de Hungría”. La Reina Isabel de Hungría, aquejada de problemas de salud y dolores reumáticos, recibió un elixir de un alquimista. El extracto estaba compuesto de flor de romero y aguardiente y algunas recetas también le atribuyen pétalos de rosa. La fórmula de este elixir crearía el primer perfume con una base de alcohol. Además de su agradable olor, se hace muy popular porque se le atribuyen propiedades rejuvenecedoras, casi milagrosas. Se dice que la Reina, de más de setenta años de edad, rejuveneció de forma considerable tras usar el tónico, que se aplicaba en grandes cantidades. El éxito del producto ha trascendido los siglos e incluso hoy en día se pueden encontrar perfumes bajo la denominación “Agua de Hungría”.

 

EL RENACIMIENTO

Ejemplo de guantes perfumados de Mª Luisa de Toledo.
Exposición “La Hija del Virrey”, Museo América de Madrid.

Con el Renacimiento, en los siglos XV y XVI, se produce un resurgimiento de las artes y del recuerdo de la cultura griega y romana. Las ciencias y la contemplación de la naturaleza cobran gran importancia y Florencia es la cuna de este movimiento que se extiende por toda Europa.
Son siglos de apertura de nuevas rutas marítimas, aparecen nuevos ingredientes como el jengibre, pimientas, alcanfor o madera de aloe y la imprenta permite difundir mejor las fórmulas de los compuestos olfativos. Venecia cuenta con grandes perfumistas y marca la moda de la época.
Se impone el gusto italiano que perfuma la ropa y artículos de marroquinería como guantes o cinturones con el fin de enmascarar el intenso olor a piel. La peste marca la importancia de la higiene de la ropa y el perfume es su complemento. Rabelais refleja las aspiraciones de belleza y sensualidad exaltadas por los humanistas.

Los perfumes a base de mirra, rosa, lirio, se convierten en verdaderas armas de seducción. Se perfeccionan técnicas como el enflorado o el alambique –ahora de vidrio–, se conocen mejor las cualidades de los componentes y el perfumista es cada vez un profesional más cualificado.
En pleno Renacimiento, llegados de España y, sobre todo de Italia con los Médici, los perfumistas extranjeros se instalan en París y los guantes perfumados invaden Francia y otros países. Estos guantes fueron objeto de deseo y símbolo distintivo de la época, aunque otro uso muy distinto era el de envenenar a enemigos.
En 1533 Catalina de Médici se casa con el Duque de Orleans y con ella viaja un perfumista florentino que abre tienda en París.

 

EL BARROCO

Con el Barroco, en los siglos XVII y XVIII la perfumería triunfa en Versalles y las cortes de Francia, expandiéndose por Europa. En la época dorada de la corte de Luis XV, bautizada como «la corte perfumada», el uso de un perfume por día se pone de moda, los criados bañan en perfumes a las palomas y las liberan durante las fiestas para que esparcir los aromas a modo de ambientador.
Emerge la profesión de perfumista y la industria de la perfumería de lujo en Grasse gracias en gran medida a los curtidores de piel, así como sus revolucionarios sistemas de extracción de aromas. Los guanteros y perfumistas son ya profesiones reguladas.
Es también la época de florecimiento de los botanistas y de las ciencias naturales y aparecen las primeras clasificaciones de olores en base a sus propiedades. Todo esto se acompaña de avances como la mejora del grado de pureza del alcohol, que propicia perfumes más delicados.

Montpellier y Grasse compiten por el cultivo de las hierbas medicinales y de flores como el clavel, violeta, lavanda, jazmín, rosa o tuberosa y mejoran las técnicas de extracción y de destilación.
Los comerciantes de Oriente aprovechan las propiedades protectoras de las hojas secas del patchouli para envolver las delicadas telas de seda, que quedan impregnadas con su olor, convirtiéndolas en sinónimo de calidad.

Jean-Marie Farina

En 1709, Jean-Marie Farina crea un perfume al que llama Eau de Cologne (Agua de Colonia) en honor a la ciudad alemana en la que vivía. Se cuenta que se inspiró en el Aqua Mirabilis, una solución alcohólica perfumada con esencias de plantas, producida en la Edad Media en monasterios italianos. Seducido por esta solución fresca y ligera, Farina realizó algunos cambios en la fórmula original introduciendo la bergamota. Seguro del éxito de esta fragancia, decidió crear una fábrica en Colonia para fabricar y comercializar el Aqua Mirabilis di Colonia. Unos meses antes de la venta de su primera agua, Jean-Marie Farina le escribió una carta a su hermano donde describía su nueva creación: “Mi perfume recuerda a una hermosa mañana de primavera después de la lluvia. Está hecho de naranjas, limones, bergamotas, flores y frutas de mi país natal. Me refresca mientras estimula mis sentidos y mi imaginación”.

Se convierte en la fragancia preferida del emperador y de muchos nobles y casas reales de todo el mundo. Su éxito la lleva a ser muy copiada, convirtiéndose en un término genérico, las “Aguas de Colonia”, el arquetipo de un nuevo gusto de notas frescas y cítricas.
Posteriormente, la familia Mülhens comercializaría un perfume con el nombre de Farina, pero tras una sentencia que le impedía usarlo, se decantó por usar el antiguo número de su casa, 4711, que actualmente es la marca más antigua que todavía se comercializa.
A finales del XVIII, con la Revolución Francesa, el perfume huele a aristocracia, se impone una cierta austeridad, y es necesario que Napoleón recupere el mercado.

Hasta este momento, los perfumes están compuestos únicamente por ingredientes de origen natural hasta que la alquimia hace posible la química de síntesis, creando moléculas que reproducen y recrean olores, provocando una revolución olfativa que permite la creación de nuevas fragancias.
En el año 1882, el perfumista Paul Parquet crea la fragancia “Fougère Royale” de la casa Houbigant. Marcó una nueva tendencia en perfumería de la cual surgió esta nueva familia icónica de perfumes de fantasía, la familia “Fougère”. Es el primer perfume en introducir en su composición una molécula de síntesis: la cumarina (molécula identificada por primera vez en las Habas Tonka en 1820 y en el aceite esencial de Lavanda). Parquet nunca quiso recrear el olor real del helecho, pues curiosamente es una planta que carece de olor. Su objetivo es crear un concepto propio que describe de la siguiente forma: «Si Dios le hubiera dado al helecho un perfume, habría olido como Fougère Royal».
Es a finales del siglo XIX cuando se comienzan a usar los nitroalmizcles, descubiertos de forma accidental por el químico alemán Albert Baur al sintetizar 3-tert-butyltoluene con la esperanza de que fuera un explosivo aún mejor que TNT. Denominado posteriormente “Musk Baur” fue el primero de una serie de musk sintéticos. Precisamente en 1894, Baur decide ir más allá y descubre el Musk Ketone o “almizcle de cetona”, considerado el olor más parecido al del almizcle natural.

 

El Siglo XX

Y LA PERFUMERÍA MODERNA

François Coty

1820 – 1920 Arte, moda y perfume. En 1828, Pierre-François Pascal Guerlain crea la compañía que lleva su nombre y que hoy en día sigue siendo una de las marcas más emblemáticas de perfumes. Llega la Belle Époque.
Pasan los años y la gente se entusiasma por el «Art Nouveau». François Coty, empresario perfumista y político francés aprende en una farmacia parisina y, tras estudiar en Grasse, vuelve a París, donde abre su laboratorio y crea su primer perfume, así como pequeños frascos de muestra. En 1917 lanza un perfume al que llama “Chypre”, popularizando la familia olfativa de dicho nombre. El éxito que Coty alcanza le lleva a crear la Cité des Parfums, un complejo industrial a las afueras de París con miles de empleados. Asocia su talento con el de Lalique y convierte el perfume en un producto de lujo que vende por todo el mundo, siendo considerado por muchos el padre de la perfumería moderna.
Su coetáneo, el perfumista Jacques Guerlain, tercero de esta familia, es en paralelo de trascendental influencia para la historia del perfume. Fue muy prolífico, con unos ochenta perfumes reconocidos, aunque se sugiere que llegó a componer cuatrocientos. Si nos remitimos a las fechas, ya contaba dos creaciones olfativas “Chypre de París” y “Chypre” antes de que Coty popularizara esta familia. Aunque a Coty se le debe dar crédito por popularizar su perfume Chypre hasta convertirlo en una familia de fragancias con entidad propia. Coty tomó la idea clásica y le dio una estructura bien definida y una forma distinta.

1920 – 1950 Nuevos tiempos. La mujer de esta alocada época encuentra en los perfumes con aldehído una frescura inédita. Los aldehídos aportan frescura y dinamismo a los perfumes. En 1921 nace Chanel Nº5, creada por Ernest Beaux para Coco, con diferentes teorías sobre su nombre, desde que son cinco los tipos de aldehídos que contiene, que es el quinto prototipo de frasco el que se aprobó, a que cinco es su número de la suerte. Tuvo un gran éxito entre la alta sociedad y su frasco con un bloque rectangular de líneas simples perdura hasta hoy.
En los años 30 nacieron fragancias llamadas «cuero», con notas secas recordando el olor del cuero e inflexiones florales. Después de la Segunda Guerra Mundial, Christian Dior lanza el New Look que inicia los nuevos tiempos y desde el principio une moda y perfume. Los costureros imponen las fragancias con carácter: cada uno con su estilo, se impone el perfume de alta costura para singularizarse.

1950 – 1960 Expansión de moda y perfume. En los años 50, la perfumería francesa está en su apogeo. Detrás de Poiret, Worth, Chanel, Lanvin, Nina Ricci y Patou (“el perfume más caro del mundo”), los grandes nombres de la moda tienen su perfume. Nacen las «eaux de toilette» masculinas y el perfume americano avanza a pasos agigantados.
Los perfumes también son más asequibles: se democratizan y sus fragancias son más ligeras, simples y diversas. Se potencian los perfumes masculinos. Lavanda y vetiver dan lugar a unos aromas discretos y acompañan al hombre cuando se afeita y se viste.

1960 – 1980 Evolución y reivindicación. La progresiva transformación de las costumbres y una renovada inconformidad se acompaña de una nueva fragancia. El patchouli se populariza en las calles. Como contrapunto, aparecen las aguas frescas para cumplir con un deseo de suavidad.
La mujer de los años 70 reivindica su diferencia y usa un perfume que corresponde a su estilo de vida. En Francia, como en Estados Unidos, nacen los perfumes conceptuales que seducen a la mujer sofisticada y provocadora, así como a la natural y romántica.
Después de las «eaux de toilette», aparecen perfumes marcadamente masculinos: el hombre disocia definitivamente el aseo matutino y, más allá de este, el hábito de perfumarse.

1980 – 2000 De emociones fuertes a olor a mar.El perfume de los años 80 es potente, como las sensaciones fuertes que buscan los adeptos del surf, los deportes de riesgo y los yupis. El perfume masculino exalta el cuerpo del hombre frente a los elementos naturales.
Las mujeres marcan el territorio de sus conquistas profesionales luciendo chaquetas de hombreras anchas y fragancias fuertes, muy intensas. Llegadas de Estados Unidos, las fragancias afrutadas ofrecen un nuevo tipo de perfume para hombres y mujeres. Otros perfumes intentan tranquilizar con fragancias de vuelta a la infancia. Asocian dulzura del gusto y del olor: vainilla, caramelo, leche… El hombre se abre al mundo de las emociones, se perfuma para seducir.
A partir de 1980 se populariza el “calone” como ingrediente de perfumes con olor a brisa marina. Las nuevas «eau de toilette» huelen a limpio, buscando satisfacer un afán de pureza y transparencia. Se rompe la barrera del género con la aparición del mítico CK One, el primer perfume unisex de esta era. Se difunden los perfumes marinos, acuáticos, vegetales y naturales para volver hacia lo esencial: la tierra, el fuego, el agua y el aire.
En 1992, Thierry Mugler marca un hito importante en la historia de la perfumería moderna con el lanzamiento de “Angel”. En un momento en que las fragancias unisex y los bouquet florales son la norma, Mugler ofrece una fragancia que reinterpreta la familia oriental añadiéndole un marcado carácter de repostería con una nota de praline; puede considerarse el germen de la familia Gourmand. En poco tiempo “Angel” se posiciona en el top ten de fragancias en Europa.

 

El Siglo XXI

EXPLOSIÓN DE CREATIVIDAD

Si el perfume del siglo XX se enriquece con los avances de las moléculas, el del siglo XXI deberá resistir las modas e incorporar tecnologías revolucionarias. Los perfumes lifestyle de enseñas lúdicas y deportivas y de celebridades se ponen de moda, cantantes y actores se lanzan a crear sus propias esencias para sus fans, como punto de entrada a un mercado más casual y accesible. Otras celebridades se convierten en embajadores aspiracionales de emblemáticas fragancias y algunas campañas son auténticas películas dirigidas por oscarizados directores de cine.

Los perfumes “golosos” viven su mejor momento: creaciones dulces con notas olfativas gourmand que evocan momentos de la infancia y escenarios de fantasía. Las “summer fragrances” y otras ediciones limitadas se consolidan después de muchos años y las “marcas paraguas” se amplían no solo con diferentes concentraciones (EdT, EdP, Intense…) en versiones femenina y masculina, sino también con perfumes diferentes que se mantienen bajo un mismo nombre, con flankers o ampliaciones de gama y con otros complementos perfumados como las lociones corporales, gel de ducha o desodorante.

En 2007 nace en España la Academia del Perfume, una iniciativa promovida por profesionales del sector y apasionados del perfume. Su misión es la divulgación de la cultura del perfume y desarrolla actividades como los Premios a los Mejores Perfumes del Año, una vía de acercamiento de las creaciones olfativas a la sociedad. Diez años después evoluciona su formato a Fundación Cultural sin ánimo de lucro, recibiendo un nuevo impulso y poniendo en marcha nuevos proyectos, estrechamente ligados al arte y la cultura, en sus sedes de Madrid y Barcelona, “hub del perfume”. Cabe destacar la creación del grupo de Académicos, de Número, de Mérito y de Honor, una élite con los mejores perfumistas de habla hispana del mundo. Su ceremonia de nombramiento, inspirada en las Reales Academias, se convierte en un acto solemne en el que reciben su medalla y sillón con una nota simbólica en lugares tan históricos y emblemáticos como la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando o la Real Academia Española. Los Académicos contribuyen a las tareas de divulgación de la Academia, a las que se suman mesas redondas, think tanks, talleres y experiencias olfativas, webinars y comunicación en el día a día siguiendo las necesidades y códigos de información de la sociedad actual. Historia y actualidad se dan la mano en su web y redes sociales.

Para gustos hay perfumes. Corren los años y el número de lanzamientos se multiplica de forma vertiginosa en diferentes propuestas que complacen a diferentes públicos. Conviven un amplio abanico de opciones, desde los perfumes más accesibles a los más exclusivos. Los perfumes “niche” y de autor pisan fuerte. No temen ofrecer propuestas arriesgadas y transgresoras, apostando a menudo por creaciones con ingredientes sofisticados y elitistas. El incienso y las especias también marcan tendencia. Desde Oriente llega el oud, adaptado a los gustos olfativos occidentales, “el oro negro de los perfumistas”.

De las luces pasamos a las sombras y a la mención del triste fenómeno de los perfumes de imitación y “equivalencia” que copian sin rubor las fragancias de más éxito, en un atentado contra el arte y la creación original. La justicia actúa y comienzan a llegar sentencias millonarias multando a los que imitan. También se popularizan algunas falsificaciones, principalmente en mercadillos e internet, con ingredientes sin controles de calidad adecuados que pueden llegar a generar problemas respiratorios y afecciones severas en la piel. Organismos oficiales hacen campañas divulgativas concienciando sobre sus peligros y las mafias tras ellas, abogando por la compra segura, para complacernos y a los que más queremos sin riesgos en nuestra experiencia con el perfume.

Llegamos a 2020. La conciencia medioambiental está asentada desde hace tiempo y se consolida como mucho más que una moda, dibujando un escenario con métodos de extracción respetuosos y certificaciones de buenas prácticas, sostenibles. Una creatividad desbordada, inviable en otras épocas, llega no sólo al oloroso jugo sino también al mundo de los envases. Se diversifican y enriquecen las propuestas de frascos y estuches con impactantes materiales y diseños: zapatos, bolsos, barras de labios, rayos, cantimploras, así como lujosas botellas, lanzan a los cuatro vientos proclamas autoexplicativas y empoderadas de lo que se puede esperar en su preciado interior.

La perfumería molecular ofrece infinitas posibilidades a los perfumistas, como si de nuevos colores en una paleta se tratara, afianzando la sostenibilidad y la seguridad de los ingredientes. Algunas moléculas son auténticas obras de arte en sí mismas, costosas y sofisticadas, con deliciosos y sorprendentes nuevos olores. La inteligencia artificial facilita los procesos, como el pesado y las pruebas a los perfumistas, pero no se cuestiona que la nariz humana es insustituible. Ciencia y naturaleza, inteligencia humana y artificial se alían con el talento imprescindible de los maestros perfumistas para seguir sorprendiendo a la humanidad con sus creaciones.