El curioso olor de los libros y la bibliosmia

¿A ti también te pasa que, al abrir un libro, lo hueles antes incluso de leerlo? ¿Qué sensación te genera su olor?

La “bibliosmia”, si bien todavía no aparece en el diccionario de la RAE, es un neologismo que está cobrando popularidad.  Combina las palabras griegas “biblio” (libro) y osm? (olor) y se usa para referirse al olor característico de los libros y del placer que produce olerlo.

Pero ¿a qué huele realmente un libro? No todos los libros huelen igual. Su olor depende de los materiales con los que están hechos y de cómo han ido cambiando con el tiempo: el papel, la tinta, su antigüedad y las condiciones en las que se ha conservado influyen significativamente.

Una de las sustancias que entran en juego es la lignina, un componente natural de la madera que, junto con la celulosa y la hemicelulosa, forma parte de su estructura. En la fabricación del papel, la lignina se elimina en gran medida, aunque no siempre por completo.

Con el paso del tiempo, la lignina que permanece en el papel puede degradarse y liberar diferentes compuestos volátiles que contribuyen a su característico olor. Entre ellos se encuentran sustancias como la vainillina, asociada a aromas similares a la vainilla; el benzaldehído, relacionado con el olor de las almendras amargas; y algunos aldehídos de cadena corta, que pueden recordar al olor del pasto seco.