“El olfato: ruta directa a las emociones”: El sentido más olvidado hasta que lo perdemos

Anosmia en tiempos del COVID-19

El pasado 28 de abril, la Academia del Perfume organizó junto con Stanpa una formación impartida por la gran autoridad científica sobre el olfato, la Dra. Laura López-Mascaraque, coautora del libro El Olfato, Doctora en Biología, Investigadora Científica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC,  y Presidenta de la Red Olfativa española y del Comité Mujer y Neurociencia de la Sociedad Española de Neurociencia.

Charla magistral en formato virtual con la Dra. López-Mascaraque coincidiendo con el confinamiento.

De los 5 sentidos, el olfato es el más desconocido y, en ocasiones, incluso el más olvidado, hasta que lo perdemos, afectando a nuestro día a día de forma inimaginable. Es el sentido primero y más directo, el camino más corto a las emociones, evocando recuerdos y tiempos pasados. Hasta la aparición del COVID-19, “anosmia” era un término desconocido. Hoy en día ha cambiado la percepción de la importancia del olfato en nuestras vidas cuando lo perdemos.  

Compartimos a continuación con los amigos del perfume un resumen de los principales temas que cubrió la sesión:

¿Qué es el olfato?

El olfato es la más antigua de las formas de comunicación. Las bacterias, microorganismos, plantas y animales se comunican a través de señales o intercambio de moléculas químicas. Órganos, como los ojos u oídos, surgieron más tarde en la evolución.

Los humanos empezamos a dejar de prestar atención y darle importancia a este sentido cuando pasamos a la bipedestación. Al pasar a una postura erguida, la nariz se aleja de la tierra, donde están los aromas más intensos y donde se originan la mayor parte de los olores, y la vista y el oído se convierten en los sentidos dominantes.

Sin embargo, el olor es una forma de comunicación que afecta absolutamente a todo: a nuestras emociones, a nuestra percepción y al mundo en general. La fuerza evocadora del olfato es considerable: los recuerdos que evocamos a través de la vista representan un 5%, a través del tacto un 1%, a través del oído un 2%, a través del gusto un 15% y a través del olfato un 35%.

¿Cómo olemos?

El olfato, igual que el gusto, es un sentido químico. Los estímulos que procesa nuestro cerebro son moléculas químicas que captamos a través de unos receptores sensoriales. Convirtiendo las señales químicas en señales eléctricas, el cerebro es capaz de procesar la información que le llega del exterior. El epitelio olfativo es el que transmite toda la información al cerebro y es el cerebro quien nos va a dar una respuesta al estímulo. Al epitelio llegan diferentes moléculas químicas que son recepcionadas a través de unos receptores situados en unas neuronas sensoriales olfativas (las únicas neuronas de todo el cerebro que están en contacto con el exterior). De esta forma, esas señales químicas se convierten en señales eléctricas que el cerebro procesa. Mientras todos los demás sentidos pasan por el tálamo, el olfato va directamente a la corteza cerebral. Por tanto, no tiene filtro previo y es un sentido completamente involuntario.

Hay más de 400 genes implicados en oler. Aproximadamente el 5% del genoma humano se dedica a oler. Aunque los receptores olfativos son igual de sensibles en todos los animales, las diferencias de “oler más o menos” radican en el número de receptores. Los elefantes son los que más receptores olfativos tienen. Por otro lado, una mariposa es capaz de detectar otra mariposa a más de 10 km de distancia.

Oler es un proceso involuntario. Cada vez que respiramos, olemos. Olemos las moléculas libres que están en el aire y las podemos procesar porque son volátiles. La combinación de distintas moléculas son lo que nos dan un aroma determinado. La forma de estas moléculas determina la naturaleza de su olor. El jazmín por ejemplo, tiene 21 odorantes que van a configurar su olor. Por tanto la combinación de esas moléculas odorantes en distintas concentraciones nos dará un aroma u otro.

Conceptos importantes sobre moléculas olfativas

Aldehídos: el tipo de moléculas que están más presentes en todos los aromas. Vainilla, rosa, limón, canela, etc., nos van a dar un olor muy típico y es a base de aldehídos.

Moléculas quirales: existen moléculas que presentan los mismos elementos y la misma forma, pero su orientación afecta al olor (como si fuera un espejo): en su forma izquierda huelen de una forma y en su forma derecha desprenden otro aroma: hierbabuena (izquierda), comino (derecha).

Umbral de detección: podemos detectar o reconocer el aroma de una molécula dependiendo de su nivel de concentración. Cada elemento o molécula tiene un umbral de detección concreto (algunos muy alto y otros muy bajo). Hay moléculas que con una gota serían capaces de perfumar una piscina olímpica. Por ejemplo, como el gas natural no tiene olor, se “perfuma” con una molécula que, en muy pequeñas cantidades, ya es fácilmente perceptible. De esta manera, nos permite detectar los escapes de gas.

La cualidad de los olores también cambia dependiendo de la concentración de la molécula: por ejemplo, el indol a baja concentración puede oler como a una flor y a muy altas concentraciones tiene un olor putrefacto.

Pasaporte odorífero

Cada uno de nosotros tenemos un olor determinado. Este aroma está condicionado por distintos procesos químicos que suceden en nuestro cuerpo y nuestra alimentación. La piel puede albergar un millón de bacterias por cm cuadrado. Estas bacterias descomponen algunas moléculas que son responsables de ciertos olores corporales. La halitosis, por ejemplo, dependerá de cuál es la concentración de determinadas moléculas que tenemos en el cuerpo.

Últimamente se están haciendo muchos estudios sobre peritaje del olor porque cada persona tiene un olor único excepto los gemelos idénticos. Por tanto este olor es una señal de identidad que nos distingue a los unos de los otros.

Vínculo entre olores y memoria – Odotipos

El olfato es el sentido que tiene mayor capacidad de evocación porque a través del olfato conseguimos sentir emociones concretas que nos conectan con el pasado. Este fenómeno se denomina el efecto Proustiano”.Esto sucede por la forma en el que el cerebro procesa este sentido, ya que es el único sentido que el tálamo no filtra previamente y tiene conexión directa con el sistema límbico e hipocampo, zonas del cerebro que están relacionadas con la gestión de los recuerdos y las emociones.  Por tanto, el olfato es un sentido que no se puede racionalizar. Atendiendo a estas características, cada vez más marcas están trabajando en crear su propio odotipo, precisamente por ese poder que los olores tienen de generar conexiones emocionales.

El lenguaje del olfato

Diane Ackerman decía que “existe nombres para toda una gama de colores, pero ninguno para los tonos y los tintes de un olor”.

El lenguaje del olor es limitado. Tiene que ver con factores socio culturales, pero también con cómo se procesa el lenguaje y el olfato en el cerebro (ambos procesos no comparten zonas comunes del cerebro).  Solemos decir: “esto huele como…”, pero muy poco más. Es también un lenguaje poco objetivo. Los olores se suelen definir por las emociones que nos generan y lo que nos hacen sentir. Aunque podemos detectar un billón de olores, el lenguaje es que usamos es muy limitado. Por eso nos ayudamos de ruedas olfativas. Estas ruedas vienen de muy atrás.  En la edad media por ejemplo se usaban ya ruedas olfativas. Por ejemplo, los médicos en la Edad Media utilizaban ruedas de orina, en las que asociaban olores y colores de la orina con ciertas enfermedades.

Tipos de olfacción

Ortonasal: la que nos llega directamente de la nariz cuando respiramos.

Retronasal: nos llega a través de la boca al exhalar. Por eso, cuando hablamos de sabor, en realidad, el 80% del gusto es olfato.

 Alteraciones del olfato

Las personas que no pueden oler son anósmicas. Se calcula que entre el 3 y el 5% de la población lo es.

Hiposmia: disminución del umbral olfatorio discriminatorio.

Hiperosmia: exageración del olfato.

Cacosmia: percepción de malos olores.

Alucinaciones olfatorias: percepción de malos olores sin que existan estímulos olorosos.

Parosmia: percepción distorsionada de los olores.

Las causas pueden ser variadas: genéticas, envejecimiento, inflamaciones de la mucosa, traumatismos craneoencefálicos, enfermedades neurodegenerativas (Alzheimer, Parkinson) , exposición a ciertas sustancias, etc. Además, el patrón olfativo que desprende una persona (cómo huele) puede indicarnos que puede padecer una enfermedad u otra.

Olfato y COVID-19

Un estudio de pacientes europeos de COVID-19 encontró que más del 80% informaron de disfunciones olfativas y gustativas. Esta pérdida suele ser abrupta y ocurre en horas. Esto sucede porque el virus provoca inflamación local que daña las células del epitelio olfativo, interrumpiendo, así, la detección de olores.

El virus no tiene vida propia hasta que no encuentra un huésped donde puede replicarse. Dentro del epitelio olfativo, existen una células llamadas células sustentaculares que tienen justo el mismo receptor que tiene el virus y parece ser que esa podría ser una vía de infección.

El 7 de abril se publicó un estudio de pacientes positivos en COVID-19 y la anosmia es el síntoma que aparece en un mayor número de casos. De hecho, se está pidiendo que este síntoma sea un detector precoz de la enfermedad. Muchos de los pacientes considerados asintómaticos, el único síntoma que manifiestan es la anosmia. Los que tienen hiposmia suelen tener ya enfermedad moderada. Los pacientes críticos tienen mucha menos respuesta a esta anosmia. Por tanto, muchas sociedades científicas y médicas quieren situar la pérdida del olfato como un síntoma principal de coronavirus y que en cuanto aparezca el paciente debe aislarse.

Hace más de 100 años Alexander Graham Bell decía: “¿puedes medir la diferencia de una clase de olor y otro? Si eres ambicioso para encontrar un tipo de ciencia, mira el olor. Los olores cada vez son más importantes en el mundo de la experimentación científica y la medicina, y tan cierto como el sol nos alumbra, es que la necesidad de un mayor conocimiento de los olores alumbrará nuevos descubrimientos”.

Agradecemos a la Dra. López-Mascaraque una sesión tan interesante y formativa.