Pueblos como el egipcio, el árabe o el griego convertían en auténticos ritos el hecho mismo de perfumarse. Faraones, grandes califas e incluso reconocidos pensadores dedicaron buena parte de su tiempo al arte de perfumarse.

Como si se tratase de auténticas joyas, los perfumes siempre han ocupado un lugar privilegiado entre los artículos de belleza para hacer más agradable la vida de quien lo lleva.

Los inicios de la perfumería se remontan a la Edad de Piedra, cuando los hombres incineraban maderas aromáticas para complacer con humo (per fumum) a sus divinidades.

El perfume es en cada época, el testigo de una sociedad y nos aporta cierta información relativa a su tipo de comercio, de medicina, de rituales y también de sensualidad. Un mundo sin perfume sería un mundo sin historia.

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